Dato del documento (censo, relación, cita directa)
Estimación coherente con la narrativa de Amiama
Indígenas (conteo formal)
Blancos / Caucásicos (esp., canarios, it., fr., lib., etc.)
Africanos esclavizados
Libres de color / Mulatos libres
Mestizos (ind.+esp., s.XVII)
Mulatos (afr.+esp.)
Mestizos/Mixtos (cat. unificada s.XIX)
Negros / Afrodescendientes (esclavos, haitianos, antillanos, EE.UU.)
1492
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2010
📅 Selecciona un año para ver su información — ★ dato documentado · ◌ estimación
⚠ Sobre las categorías étnicas:
Las categorías empleadas reflejan el vocabulario de cada época, no definiciones modernas de raza.
Blancos / Caucásicos — No se limita a españoles. Desde el s.XVI incluye portugueses, flamencos y genoveses. En el s.XVIII se suman 483 familias canarias (1720–1764). En el s.XIX y XX, con el auge azucarero, llegan italianos, franceses, libaneses, sirios, puertorriqueños, cubanos y norteamericanos de ascendencia europea, entre otros.
Negros / Afrodescendientes — Categoría mucho más amplia que los africanos esclavizados del período colonial. A partir del s.XIX incluye libertos y sus descendientes, inmigrantes de otras islas del Caribe (Jamaica, Puerto Rico, islas Vírgenes, Barbados), inmigrantes haitianos, braceros antillanos traídos para el trabajo azucarero, y una minoría de afroamericanos de EE.UU. El propio Amiama advierte que en el censo de 1935 muchos mulatos de piel oscura fueron clasificados como «negros».
Mestizos / Mixtos — Categoría paraguas desde el s.XIX: engloba mulatos (afr.+esp.), zambos (afr.+ind.), mestizos propiamente dichos (ind.+esp.) y toda combinación posterior. El censo de 1935 los convierte en la categoría oficial dominante (67.5% de la población).
Indígenas · población precolombina (1492) — El punto graficado (250,000) representa la media del rango científico razonable: 100,000–600,000. Rosemblat (100k) es la referencia más conservadora y metodológicamente sólida; Moya Pons propone 300–400k; Cook/Borah (~1M) y Las Casas (3–5M) son considerados outliers por la demografía histórica moderna (ver tarjeta de Indígenas para el análisis completo).
1606–1650 (mulatos/mestizos presentes pero sin conteo separado), 1897–1920 (~1905), 1920–1935 (~1928), 1935–1950 (~1942), y entre cada censo de la serie ONE 1950–2010. A partir de 1950 no existe desglose racial publicado; proporciones estimadas por continuidad con el censo 1935. Fuentes modernas: ONE · Los Censos Dominicanos, 100 años (2020).
Blancos / Caucásicos — No se limita a españoles. Desde el s.XVI incluye portugueses, flamencos y genoveses. En el s.XVIII se suman 483 familias canarias (1720–1764). En el s.XIX y XX, con el auge azucarero, llegan italianos, franceses, libaneses, sirios, puertorriqueños, cubanos y norteamericanos de ascendencia europea, entre otros.
Negros / Afrodescendientes — Categoría mucho más amplia que los africanos esclavizados del período colonial. A partir del s.XIX incluye libertos y sus descendientes, inmigrantes de otras islas del Caribe (Jamaica, Puerto Rico, islas Vírgenes, Barbados), inmigrantes haitianos, braceros antillanos traídos para el trabajo azucarero, y una minoría de afroamericanos de EE.UU. El propio Amiama advierte que en el censo de 1935 muchos mulatos de piel oscura fueron clasificados como «negros».
Mestizos / Mixtos — Categoría paraguas desde el s.XIX: engloba mulatos (afr.+esp.), zambos (afr.+ind.), mestizos propiamente dichos (ind.+esp.) y toda combinación posterior. El censo de 1935 los convierte en la categoría oficial dominante (67.5% de la población).
Indígenas · población precolombina (1492) — El punto graficado (250,000) representa la media del rango científico razonable: 100,000–600,000. Rosemblat (100k) es la referencia más conservadora y metodológicamente sólida; Moya Pons propone 300–400k; Cook/Borah (~1M) y Las Casas (3–5M) son considerados outliers por la demografía histórica moderna (ver tarjeta de Indígenas para el análisis completo).
1606–1650 (mulatos/mestizos presentes pero sin conteo separado), 1897–1920 (~1905), 1920–1935 (~1928), 1935–1950 (~1942), y entre cada censo de la serie ONE 1950–2010. A partir de 1950 no existe desglose racial publicado; proporciones estimadas por continuidad con el censo 1935. Fuentes modernas: ONE · Los Censos Dominicanos, 100 años (2020).
Fusión de categorías confirmada por Amiama:
A partir del s.XIX, "mestizo" deja de significar solo hijo de español e indígena
y absorbe también mulatos, zambos y toda mezcla. El censo de 1935 lo confirma:
la categoría "mestizos" agrupa todos los cruces.
En la gráfica, a partir de 1822 se usa la categoría unificada
■ Mestizos/Mixtos porque es como el propio documento los registra.
En 1935, el censo de Trujillo recupera
■ Blancos y ■ Negros por separado.
Los grupos que formaron la isla · según Amiama
Todo el texto a continuación proviene directamente del documento de Amiama (1952). Las imágenes son representaciones históricas de época en dominio público.
Población precolombina (1492): debate académico
El rango científicamente aceptado es 100,000–600,000 habitantes, con convergencia entre 200,000 y 400,000. Rosemblat (1954) estima 100,000 mediante análisis crítico de fuentes y capacidad agrícola — la referencia más rigurosa. Moya Pons propone 300,000–400,000. Cook y Borah (Berkeley, 1971) llegaron a ~1,000,000, pero su metodología es circular: extrapolaron tasas de mortalidad del Valle de México a La Hispaniola sin verificación regional, y su resultado no es reproducible independientemente (Henige, 1998). Bartolomé de las Casas (Brevísima, 1542) cita 3–5 millones, cifra inaceptable como dato demográfico: la Brevísima fue un alegato moral ante el rey, no un censo; sus cifras son internamente inconsistentes; tres millones de habitantes implicarían densidades superiores a la Europa medieval en territorio sin ganadería ni cereales; y el censo de Ovando (1508) registra solo 40,000–60,000 indígenas, lo que contradice un punto de partida tan alto. Sus cifras fueron difundidas por rivales de España como propaganda — lo que Amiama llama «obra de los enemigos de España».
El rango científicamente aceptado es 100,000–600,000 habitantes, con convergencia entre 200,000 y 400,000. Rosemblat (1954) estima 100,000 mediante análisis crítico de fuentes y capacidad agrícola — la referencia más rigurosa. Moya Pons propone 300,000–400,000. Cook y Borah (Berkeley, 1971) llegaron a ~1,000,000, pero su metodología es circular: extrapolaron tasas de mortalidad del Valle de México a La Hispaniola sin verificación regional, y su resultado no es reproducible independientemente (Henige, 1998). Bartolomé de las Casas (Brevísima, 1542) cita 3–5 millones, cifra inaceptable como dato demográfico: la Brevísima fue un alegato moral ante el rey, no un censo; sus cifras son internamente inconsistentes; tres millones de habitantes implicarían densidades superiores a la Europa medieval en territorio sin ganadería ni cereales; y el censo de Ovando (1508) registra solo 40,000–60,000 indígenas, lo que contradice un punto de partida tan alto. Sus cifras fueron difundidas por rivales de España como propaganda — lo que Amiama llama «obra de los enemigos de España».
1492 – c.1650 · Taínos · Ciguayos · Macoriges · Siboney
Los cuatro pueblos originarios de La Hispaniola
La isla no era habitada por un grupo homogéneo. Cuatro pueblos distintos la poblaban al momento del contacto europeo:
Taínos — El grupo mayoritario, de filiación arahuaca con origen en las riberas del Orinoco. Dominaban la costa sur, el Cibao y las cuencas centrales. Su organización en cinco cacicazgos (Maguana, Marién, Higüey, Magua, Jaragua) es la mejor documentada. Guacanagarix y Anacaona eran taínos. Practicaban agricultura intensiva (yuca, maíz, boniato) y cerámica elaborada.
Ciguayos (Macorix de Arriba) — Habitaban la costa noreste, entre el Cabo Engaño y el Cabo Francés Viejo. Caonabo y Mayobanex eran ciguayos. Su lengua y rasgos culturales diferían notablemente de los taínos; mostraron mayor resistencia al contacto español.
Macoriges (Macorix de Abajo) — Pueblo de lengua diferenciada, asentado en el norte-central y el Valle del Cibao. Las fuentes coloniales los registran como grupo independiente, lo que sugiere un origen migratorio distinto.
Siboney / Guanahatabey — El sustrato más antiguo del archipiélago, cazadores-recolectores sin agricultura desarrollada, posiblemente ya marginados al occidente en 1492. Sus yacimientos arqueológicos prearcaicos son los más antiguos de las Antillas.
A pesar de la desaparición como categoría censal hacia 1650, el Dr. José de Jesús Álvarez comprobó mediante métodos hemogenéticos (Landsteiner y Weiner) un 17% de sangre indígena en la población dominicana de 1935, especialmente elevado en regiones montañosas y en Neiba, Puerto Plata y Cabrera.
Taínos — El grupo mayoritario, de filiación arahuaca con origen en las riberas del Orinoco. Dominaban la costa sur, el Cibao y las cuencas centrales. Su organización en cinco cacicazgos (Maguana, Marién, Higüey, Magua, Jaragua) es la mejor documentada. Guacanagarix y Anacaona eran taínos. Practicaban agricultura intensiva (yuca, maíz, boniato) y cerámica elaborada.
Ciguayos (Macorix de Arriba) — Habitaban la costa noreste, entre el Cabo Engaño y el Cabo Francés Viejo. Caonabo y Mayobanex eran ciguayos. Su lengua y rasgos culturales diferían notablemente de los taínos; mostraron mayor resistencia al contacto español.
Macoriges (Macorix de Abajo) — Pueblo de lengua diferenciada, asentado en el norte-central y el Valle del Cibao. Las fuentes coloniales los registran como grupo independiente, lo que sugiere un origen migratorio distinto.
Siboney / Guanahatabey — El sustrato más antiguo del archipiélago, cazadores-recolectores sin agricultura desarrollada, posiblemente ya marginados al occidente en 1492. Sus yacimientos arqueológicos prearcaicos son los más antiguos de las Antillas.
A pesar de la desaparición como categoría censal hacia 1650, el Dr. José de Jesús Álvarez comprobó mediante métodos hemogenéticos (Landsteiner y Weiner) un 17% de sangre indígena en la población dominicana de 1935, especialmente elevado en regiones montañosas y en Neiba, Puerto Plata y Cabrera.
Legado cultural taíno en la identidad dominicana — A pesar de su desaparición como categoría censal, los taínos dejaron una huella profunda e irreemplazable en la cultura dominicana:
Lengua: cientos de palabras de uso diario son taínas: hamaca, canoa, huracán, tabaco, barbacoa, maíz, yuca, ají, ceiba, caimán, iguana, manatí, carey y decenas más. El español dominicano tiene más préstamos taínos que cualquier otro dialecto del español.
Gastronomía: la yuca (casabe, mangú, yuca frita), el maíz, el ají cubanela, la batata, el maní y el cacao son cultivos taínos que forman el núcleo de la cocina dominicana.
Geografía: la mayoría de los topónimos del país son taínos: Higüey, Cibao, Azua, Barahona, Neyba, Quisqueya, Bohío, Nagua, Samaná, Jimaní, Cotuí y centenares más.
Sangre: el Dr. Álvarez comprobó un 17% de sangre indígena en la población dominicana de 1935, especialmente elevado en regiones montañosas. Los dominicanos llevan a los taínos en su ADN, en su vocabulario y en su plato de comida.
«La mayor parte de esos indígenas pertenecía a la casta arahuaca, apodada más tarde taína. Una proporción menor era de la casta caribe o ciguaya, que ocupaba la costa noreste.» — Amiama, 1952
1492 – presente · Españoles · Canarios · Europeos · Levantinos
Blancos y Caucásicos — categoría compuesta
La categoría «blancos» nunca fue étnicamente homogénea. Incluyó oleadas distintas a lo largo de cinco siglos, cada una con su impronta cultural:
Andaluces y extremeños (s.XVI) — Los primeros colonizadores provenían mayoritariamente de Andalucía y Extremadura. Fueron ellos quienes establecieron el español que se hablaría en la isla: el seseo, el yeísmo, la aspiración de la /s/ final y la entonación musical del español dominicano son herencia directa del habla andaluza del siglo XVI. Fundaron la cultura criolla original de la isla junto a los taínos y los primeros africanos.
Canarios (s.XVIII) — Entre 1720 y 1764 llegaron 483 familias en cuarenta barcadas. Refundaron Santiago, La Vega, Cotuí, Neiba y Azua. Su influencia fue determinante: el español canario —tan próximo al andaluz— reforzó y conservó los rasgos fonéticos ya presentes. Los modismos canarios perviven hoy en el habla del Cibao («ño», «na'», el tuteo afectivo) y en la música campesina. Junto a los andaluces son los grupos que más han moldeado el idioma, el folclor y la identidad dominicana.
Europeos del auge azucarero (s.XIX–XX) — Italianos, alemanes, franceses, norteamericanos y familias libanesas y sirias (llamadas «turcos») llegaron con la expansión cañera. Se integraron rápidamente en la clase alta criolla, adoptando el español dominicano y mezclándose con las familias establecidas.
Cultura compartida sin fronteras raciales — El rasgo más notable de la sociedad dominicana es que un blanco, un mulato o un mestizo de la misma clase social comparten prácticamente el mismo español, la misma música (merengue, bachata), la misma gastronomía (sancocho, mangú, habichuelas) y los mismos valores familiares. La clase social ha sido históricamente un marcador cultural mucho más fuerte que el color de piel. Desde la colonia, blancos pobres del campo vivían y hablaban exactamente igual que sus vecinos mestizos y mulatos.
Andaluces y extremeños (s.XVI) — Los primeros colonizadores provenían mayoritariamente de Andalucía y Extremadura. Fueron ellos quienes establecieron el español que se hablaría en la isla: el seseo, el yeísmo, la aspiración de la /s/ final y la entonación musical del español dominicano son herencia directa del habla andaluza del siglo XVI. Fundaron la cultura criolla original de la isla junto a los taínos y los primeros africanos.
Canarios (s.XVIII) — Entre 1720 y 1764 llegaron 483 familias en cuarenta barcadas. Refundaron Santiago, La Vega, Cotuí, Neiba y Azua. Su influencia fue determinante: el español canario —tan próximo al andaluz— reforzó y conservó los rasgos fonéticos ya presentes. Los modismos canarios perviven hoy en el habla del Cibao («ño», «na'», el tuteo afectivo) y en la música campesina. Junto a los andaluces son los grupos que más han moldeado el idioma, el folclor y la identidad dominicana.
Europeos del auge azucarero (s.XIX–XX) — Italianos, alemanes, franceses, norteamericanos y familias libanesas y sirias (llamadas «turcos») llegaron con la expansión cañera. Se integraron rápidamente en la clase alta criolla, adoptando el español dominicano y mezclándose con las familias establecidas.
Cultura compartida sin fronteras raciales — El rasgo más notable de la sociedad dominicana es que un blanco, un mulato o un mestizo de la misma clase social comparten prácticamente el mismo español, la misma música (merengue, bachata), la misma gastronomía (sancocho, mangú, habichuelas) y los mismos valores familiares. La clase social ha sido históricamente un marcador cultural mucho más fuerte que el color de piel. Desde la colonia, blancos pobres del campo vivían y hablaban exactamente igual que sus vecinos mestizos y mulatos.
«Nuestra isla, que hasta ese momento era la meta de los españoles que lograban salir de la península, se convirtió simplemente en un punto de escala para pasar a otras tierras de las Indias.» — Amiama, 1952
1509 – c.1820 · y luego inmigrantes libres
Africanos esclavizados y Afrodescendientes
Según Le Pers, la importación de africanos comenzó en 1509, obedeciendo «principalmente a la necesidad de brazos para edificaciones, agricultura y minas» —no, como suele afirmarse, para sustituir al indígena. Los datos clave: José Antonio Saco estima ~12,000 esclavos hacia 1548; el censo de Osorio (1606) registra 9,648; el parroquial de 1785 menciona 30,000, aunque Amiama advierte que muchos eran fugitivos de la parte francesa y que el número real «nunca pasó de 20,000». La esclavitud fue abolida por España en 1818.
Con el tiempo la categoría se amplió considerablemente. A los descendientes de esclavos se sumaron braceros antillanos (jamaicanos, barbadenses, isleños vírgenes) traídos para el trabajo cañero desde el s.XIX, inmigrantes de origen haitiano, y una minoría de afroamericanos de EE.UU. El propio Amiama advierte que en el censo de 1935 muchos mulatos de piel oscura fueron clasificados como «negros», por lo que «la raza negra pura casi no existe» entre quienes aparecen en esa categoría. Desde los días de Ovando, el cruce entre africanos e indígenas dio origen a los zambos, que «con el tiempo llegaron a ser numerosos».
Herencia cultural africana en la cultura dominicana — La influencia africana existe, pero hay que ser preciso sobre qué es realmente de origen africano y qué no:
Religiosidad y rituales: el aporte africano más genuino está en la espiritualidad popular. El palosanto (culto del Palo Monte), los atabales y la santería/brujería dominicana —con sus altares, sus misterios y sus rituales de posesión— son expresiones de raíz africana directa, adaptadas al contexto criollo. Estas prácticas conviven con el catolicismo en el sincretismo religioso dominicano.
Ritmo y percusión: el aporte africano a la música dominicana es principalmente rítmico y percusivo. Los patrones de tambor que subyacen en el merengue típico del Cibao tienen influencia africana, pero el merengue es en esencia una creación mestiza-mulata del campesinado cibaeño, con estructura armónica española y melodía criolla. La bachata desciende directamente del bolero español y de la guitarra criolla — de africano solo lleva el nombre que le pusieron despectivamente las clases altas.
Qué no trajeron los africanos: el plátano llegó de África con los españoles como cultivo, pero es español quien lo introdujo formalmente en la isla. La yuca, el ñame y el maíz son cultivos indígenas o precolombinos. El mondongo y el chicharrón son tradiciones culinarias de origen español. El mangú es simplemente un puré de plátano — de africano solo tiene el nombre. El hecho de que los esclavos adoptaran un alimento o costumbre no significa que sea de su origen cultural.
Con el tiempo la categoría se amplió considerablemente. A los descendientes de esclavos se sumaron braceros antillanos (jamaicanos, barbadenses, isleños vírgenes) traídos para el trabajo cañero desde el s.XIX, inmigrantes de origen haitiano, y una minoría de afroamericanos de EE.UU. El propio Amiama advierte que en el censo de 1935 muchos mulatos de piel oscura fueron clasificados como «negros», por lo que «la raza negra pura casi no existe» entre quienes aparecen en esa categoría. Desde los días de Ovando, el cruce entre africanos e indígenas dio origen a los zambos, que «con el tiempo llegaron a ser numerosos».
Herencia cultural africana en la cultura dominicana — La influencia africana existe, pero hay que ser preciso sobre qué es realmente de origen africano y qué no:
Religiosidad y rituales: el aporte africano más genuino está en la espiritualidad popular. El palosanto (culto del Palo Monte), los atabales y la santería/brujería dominicana —con sus altares, sus misterios y sus rituales de posesión— son expresiones de raíz africana directa, adaptadas al contexto criollo. Estas prácticas conviven con el catolicismo en el sincretismo religioso dominicano.
Ritmo y percusión: el aporte africano a la música dominicana es principalmente rítmico y percusivo. Los patrones de tambor que subyacen en el merengue típico del Cibao tienen influencia africana, pero el merengue es en esencia una creación mestiza-mulata del campesinado cibaeño, con estructura armónica española y melodía criolla. La bachata desciende directamente del bolero español y de la guitarra criolla — de africano solo lleva el nombre que le pusieron despectivamente las clases altas.
Qué no trajeron los africanos: el plátano llegó de África con los españoles como cultivo, pero es español quien lo introdujo formalmente en la isla. La yuca, el ñame y el maíz son cultivos indígenas o precolombinos. El mondongo y el chicharrón son tradiciones culinarias de origen español. El mangú es simplemente un puré de plátano — de africano solo tiene el nombre. El hecho de que los esclavos adoptaran un alimento o costumbre no significa que sea de su origen cultural.
«La observación directa de nuestra población conduce a la seguridad de que entre nosotros la raza negra pura casi no existe.» — Amiama, 1952
1606 · Primer censo
Devastaciones de Osorio · El primer censo
El 2 de octubre de 1606, el gobernador Don Antonio de Osorio recibió orden directa del rey Felipe III de despoblar y quemar seis ciudades del norte y oeste de la isla: Puerto Plata, Montecristi, Bayajá, Yaguana, Neiba y San Juan de la Maguana. El motivo oficial era cortar el comercio ilegal que esas poblaciones mantenían con corsarios holandeses, ingleses y franceses, que pagaban en plata y mercancías europeas a cambio de cueros, sebo y carne. La Corona prefería la ruina económica de sus propios súbditos a tolerar ese comercio que enriquecía a sus enemigos.
La ejecución fue brutal. Osorio quemó las casas, destruyó los cultivos y ordenó el traslado forzoso de la población hacia el interior oriental. Quienes se negaban eran ahorcados. Muchos colonos prefirieron huir a Cuba, Puerto Rico o incluso a la parte francesa de la isla antes que obedecer. Los que obedecieron llegaron a zonas sin infraestructura, sin agua y sin defensas, donde muchos murieron de hambre y enfermedad.
Consecuencias demográficas y geopolíticas. La población de la isla, ya reducida por la emigración de décadas anteriores, cayó en picado. El norte y el oeste quedaron literalmente despoblados y sin defensa. Fue precisamente en esas tierras vacías donde los bucaneros franceses se instalaron a partir de la Tortuga (1625), sentando las bases de lo que sería Saint-Domingue —la colonia más rica del mundo en el siglo XVIII— y, en última instancia, de la división permanente de la isla entre dos naciones.
El primer censo. Como efecto colateral, Osorio encargó un conteo nominal de la población restante. El Dr. Américo Lugo encontró ese documento en archivos españoles: 1,157 cabezas de familia (×5 personas promedio = 5,785 libres) más 9,648 esclavos = 15,433 habitantes totales. Es el primer censo formal de la isla. Conocemos los nombres de todos los jefes de familia registrados. La cifra revela hasta qué punto las devastaciones, sumadas a décadas de emigración, habían reducido la colonia más antigua de América a una población menor que muchos pueblos rurales actuales.
La ejecución fue brutal. Osorio quemó las casas, destruyó los cultivos y ordenó el traslado forzoso de la población hacia el interior oriental. Quienes se negaban eran ahorcados. Muchos colonos prefirieron huir a Cuba, Puerto Rico o incluso a la parte francesa de la isla antes que obedecer. Los que obedecieron llegaron a zonas sin infraestructura, sin agua y sin defensas, donde muchos murieron de hambre y enfermedad.
Consecuencias demográficas y geopolíticas. La población de la isla, ya reducida por la emigración de décadas anteriores, cayó en picado. El norte y el oeste quedaron literalmente despoblados y sin defensa. Fue precisamente en esas tierras vacías donde los bucaneros franceses se instalaron a partir de la Tortuga (1625), sentando las bases de lo que sería Saint-Domingue —la colonia más rica del mundo en el siglo XVIII— y, en última instancia, de la división permanente de la isla entre dos naciones.
El primer censo. Como efecto colateral, Osorio encargó un conteo nominal de la población restante. El Dr. Américo Lugo encontró ese documento en archivos españoles: 1,157 cabezas de familia (×5 personas promedio = 5,785 libres) más 9,648 esclavos = 15,433 habitantes totales. Es el primer censo formal de la isla. Conocemos los nombres de todos los jefes de familia registrados. La cifra revela hasta qué punto las devastaciones, sumadas a décadas de emigración, habían reducido la colonia más antigua de América a una población menor que muchos pueblos rurales actuales.
«Ese censo, cuyo conocimiento debemos a las investigaciones del doctor Américo Lugo, revela que la población quedó reducida a 1,157 cabezas de familia y 9,648 esclavos.» — Amiama, 1952
c.1530 – s.XIX
Libres de Color y Mulatos libres
La Relación de Alcocer (1650) es el primer documento que menciona explícitamente a los mulatos como grupo visible en la colonia: la ciudad de Santo Domingo tenía 500 vecinos y «2,000 esclavos y mulatos». Para entonces, los mulatos y libres de color ya superaban en número a los propios españoles. Muchos africanos habían obtenido su libertad por diversas vías. Su papel fue central durante las crisis del siglo XIX: cuando la ocupación haitiana (1822) forzó el éxodo de familias dominicanas, muchas emigraron «acompañadas de los servidores que antiguamente habían sido sus esclavos, y que habían recibido siempre un trato tan humano y afectuoso, que prefirieron seguir en la desgracia a sus antiguos señores». La gran prueba de esa convivencia fue la propia independencia de 1844: según Amiama, fue «obra de todos los dominicanos, sin distingos raciales», y «acaso los núcleos más modestos de nuestro pueblo fueron los que con mayor fe y radicalismo contribuyeron en aquella gloriosa cruzada de la libertad».
Presencia en todas las clases sociales — Los libres de color no formaron un grupo social homogéneo: los había en todos los estratos. Desde los grandes propietarios de tierra mulatos del sur hasta los jornaleros sin tierra del norte, pasando por artesanos, comerciantes, militares y sacerdotes. En muchas familias del Cibao y el sur, el bisabuelo mulato se convirtió en el patriarca de una familia que con el tiempo sería considerada "de familia" independientemente de su color. Esta movilidad fue posible porque en la colonia española —a diferencia de la francesa de Saint-Domingue— la libertad legal y la integración social eran alcanzables.
«Muchas emigraron acompañadas de los servidores que antiguamente habían sido sus esclavos, y que habían recibido siempre un trato tan humano y afectuoso, que prefirieron seguir en la desgracia a sus antiguos señores.»
c.1510 – s.XVIII
Mestizos · español + indígena (s.XVII)
«Cuando en los tiempos de la colonia se popularizó el calificativo de mestizo, fue porque había surgido una clase notoria y numerosa que procedía del cruce de blancos y aborígenes». Amiama sostiene —desde una conferencia de 1943 que retoma aquí— que la raza indígena no fue exterminada y que los mestizos propiamente dichos nunca desaparecieron. Rechaza la versión contraria como «obra de los enemigos de España». Junto a los mestizos surgieron los zambos —resultado del cruce entre africanos e indígenas, ya desde los últimos días de Ovando— que «con el tiempo llegaron a ser numerosos» y transmitieron «de generación en generación las características de la primitiva raza de la isla, aunque con menos pureza que los mestizos». Ambos grupos se han conservado hasta el presente: el Dr. José de Jesús Álvarez los detectó mediante «los métodos hemogenéticos de Landsteiner y Weiner» al comprobar el 17% de sangre indígena en la población dominicana, porcentaje especialmente alto en regiones montañosas.
Los mestizos como puente cultural — Los mestizos del siglo XVII fueron el primer grupo que habló español como lengua materna pero llevaba en la sangre el conocimiento taíno del territorio: sabían qué plantas curar, qué suelos sembrar, qué ríos pescar. Fueron los primeros criollos en el sentido pleno de la palabra: ni españoles de la metrópoli ni indígenas puros, sino una nueva identidad nacida en la isla.
Esta identidad mestiza fue, paradójicamente, la más igualitaria de la colonia. Un mestizo hijo de español y taína podía ser tan pobre como un esclavo liberado o tan rico como un hacendado. Lo que los unificó fue el español criollo que hablaban —con vocablos taínos, entonación andaluza y cadencia propia— y el conocimiento compartido de una misma tierra. Ese español, esa cocina y ese modo de ser isleño es el núcleo de lo que hoy llamamos identidad dominicana.
«Desde el principio del Descubrimiento, las uniones naturales entre españoles e indígenas no sólo ocurrieron, sino que ocurrieron en gran número.»
c.1540 – s.XIX
Mulatos · africano + español
Los mulatos —hijos de africanos y españoles— aparecen mencionados explícitamente por primera vez en la Relación de Alcocer (1650), donde figuran junto a los esclavos como la mayoría de los no-españoles de la ciudad capital. Su número creció de forma sostenida durante el siglo XVIII, a la par que la población libre de color. En 1785, el censo bajo el gobierno de Don Joaquín García registraba ya una proporción considerable de mulatos entre los 152,640 católicos censados. Según Amiama, en el censo de 1935, bajo el término oficial «mestizos» se incluyó «no sólo a los mulatos, resultado del cruzamiento entre negros y blancos, y a los zambos, resultado del cruzamiento entre los negros y los indios, sino también a los pobladores que habían resultado de la unión de sangre entre los indígenas y los blancos». En cuanto a los clasificados como «negros» en 1935, el propio Amiama advierte que «lo más probable es que se haya clasificado con esa denominación a muchos mulatos de piel bastante oscura».
El mulato dominicano en todas las clases — La gran aparición de los mulatos como grupo mayoritario fue simultánea en todas las clases sociales: mulatos ricos que poseían tierras y esclavos en el sur, mulatos artesanos y comerciantes en las ciudades, y mulatos campesinos en el campo. Esta distribución transversal fue clave: a diferencia de otras sociedades coloniales, en Santo Domingo el color no determinaba automáticamente la clase. Un mulato de familia acomodada hablaba, vestía y se comportaba exactamente igual que su vecino blanco de la misma clase; ambos diferían mucho más de un blanco pobre que entre sí. Esta realidad fue la base del sincretismo cultural dominicano.
«La observación directa de nuestra población conduce, sin embargo, a la seguridad de que entre nosotros la raza negra pura casi no existe.»
1822 – presente
Mestizos / Mixtos · categoría unificada
A partir del siglo XIX, el término «mestizo» absorbe todas las mezclas. Dorssinvil (1822) ya registra 60,000 mestizos de un total de 125,000. El censo de Trujillo (1935) los convierte en categoría oficial con 998,672 mestizos, las 9/14 partes de la población. Amiama sostuvo que bajo esa etiqueta se habían comprendido «no sólo a los mulatos y los zambos, sino también a los pobladores que habían resultado de la unión de sangre entre los indígenas y los blancos». Para Amiama, esta diversidad étnica tiene una consecuencia cultural profunda: «ha arrancado de raíz entre nosotros todo prejuicio». La ocupación haitiana intentó crear divisiones raciales entre los dominicanos «en favor de su dominación. Pero no lo consiguieron». La independencia de 1844 fue obra de todos, y «acaso los núcleos más modestos de nuestro pueblo fueron los que con mayor fe y radicalismo contribuyeron en aquella gloriosa cruzada de la libertad».
La síntesis cultural dominicana — El mestizo del siglo XIX es el resultado y el símbolo de cinco siglos de convivencia. Habla el mismo español andaluz-canario que aprendió de sus abuelos blancos; baila el merengue con el ritmo que heredó de sus abuelos africanos; cultiva la yuca y el maíz que conoció a través de sus ancestros taínos. Esta síntesis no ocurrió solo en la biología, sino en la cultura: en el idioma (el español dominicano es único por su mezcla de arcaísmos andaluces, vocablos taínos y giros africanos), en la música, en la religiosidad popular, en la gastronomía y en el carácter nacional. Un mestizo, un mulato y un español dominicano de la misma provincia hablan de manera prácticamente idéntica — con el mismo acento, los mismos modismos, la misma cadencia. Las diferencias dialectales en la República Dominicana son geográficas (cibaeño, sureño, capitalino) y de clase, no raciales.
«Esta misma diversidad ha arrancado de raíz entre nosotros todo prejuicio. La gran prueba de la ocupación haitiana reveló que espiritualmente nuestro pueblo había llegado a la unidad sin ninguna mengua por motivos raciales.»